LIBROS: El
derrumbe de la segunda República
Moa,
Pío: El derrumbe de la segunda República y la guerra
civil. Ed. Encuentro, Madrid 2001, 602 págs.
El autor irrumpió en el campo de la historiografía con
su libro Los orígenes de la guerra civil (recensión en
«Razón Española» vol. XXXII, págs. 355-357). La
conclusión principal de dicha obra era demostrar, con
textos socialistas poco conocidos, que la guerra de
España la inició la izquierda con la revolución de
1934 y la subsiguiente radicalización revolucionaria del
Frente Popular, constituido por Azaña. Era una
confirmación muy documentada de la afirmación de
Madariaga. Ahora, desde la perspectiva de los hechos,
más que de los programas, ratifica análoga
interpretación: la guerra civil la «empezaron el Psoe y
la Esquerra de octubre de 1934». La reconstrucción de
los hechos tiene un carácter de polémica frente a
quienes, como S. Juliá, A. Viñas, E. Elorza, P. Preston
y otros, según la tradición marxista, entienden la
historia como propaganda política. La argumentación
factual de Moa es sencillamente demoledora. Sólo un
sectarismo que niega los hechos más obvios puede
oponerse a la tradicional y fundada interpretación de
Moa. El alzamiento cívico-militar del 18 de julio de
1936 fue lo que Gil Robles denominó «la media España
que no quería morir» a manos de la revolución
marxista.
El otro gran tema de este libro es la descripción de la
interna descomposición de la II República, sobre todo,
desde octubre de 1934, y su progresiva entrega real al
comunismo stalinista, finalmente representado por
Negrín. El supuesto democratismo liberal de la II
República fue y es un mito publicitario; fue un régimen
de caos y de terror que tendía a establecer en España
una situación similar a la soviética. La información
aportada por Moa es tan copiosa y unívoca que resulta
abrumadoramente convincente.
Al margen de estas líneas, el autor va desmontando los
sofismas de los publicistas criptomarxistas sobre casi
todas las cuestiones marginales: los personajes, las
guerrillas internas, las represiónes, la ayuda
extranjera y las operaciones militares. Sobre este
último punto será muy cerca de M. Aznar y de J.
Arrarás.
La imagen que Moa presenta de Franco es definitivamente
positiva como hombre de «cualidades intelectuales muy
relevantes» (págs. 528) y reconoce el extraordinario
acierto con que dirigió las operaciones militares.
Califica de «cómicos» los exabruptos libelistas de los
que escriben sobre el Caudillo como si fuera un «enemigo
personal». Mal servicio prestan a los mandos
republicanos y a sus asesores soviéticos, luego
mariscales, los que ahora se empeñan en afimar que el
Generalísimo Franco vencedor de la guerra era un mal
general. Y con razón ironiza sobre los tacitos de café
que discuten las decisiones estratégicas de César,
Wellington o Franco.
Entre los numerosos datos rectificatorios de falsos
tópicos vale la pena aducir, como muestra, uno; las
bajas en la primera carlista fueron más que las de
1936-39, a pesar de que la población ya era el doble, e
inferiores a las de la guerra de secesión norteamericana
para una población entonces apenas superior a la
española.
En suma, este nuevo libro de Moa complementa muy
eficazmente el anterior (Los orígenes) y demuestra que
la falsificación de nuestro próximo pasado,
desencadenada durante esta II Restauración, está
fracasando, y ya es muy improbable que sobreviva algo de
sus burdas manipulaciones.
A. Maestro
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